Cuidado con la Doctrina de la Retribución

Actualizado: 19 nov 2020

La Doctrina de la retribución es humana, carnal y lejos de los preceptos bíblicos, de las enseñanzas de Jesús y sus discípulos.


En síntesis, la retribución es en Teología la recompensa por una conducta estimada buena o el castigo por una acción condenada como mala. También forma parte del sentido moral y jurídico común. Se relaciona con la responsabilidad de las acciones y con el mérito para las buenas obras realizadas y el demérito para las malas.


Ósea que si todo está bien conmigo, mi familia y negocios es porque estoy bien con Dios, pero si algo no está bien conmigo tengo que revisarme porque algo malo estoy haciendo que a Dios no le agrada; en algo estoy fallando.


Sin embargo, Santiago o mejor dicho Jacobo nos dice: Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. Más tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna. Santiago 1:2-4 RV60. Si, cuando estamos en pruebas debemos de estar contentos, gozoso, alegres; contrario a lo que el humanismo trata de enseñar.


En el libro de Job vemos a Elifaz que presentó el argumento clásico para la retribución mecánica, lo cual era su tema central. Creía que Dios, el Juez justo, no permitiría que pereciera el inocente (Gén. 18:25). Lo dicho era una verdad. Sin embargo, se equivocó en doble sentido: creía en una retribución automática e inmediata; también, juzgaba a Job indirectamente de ser culpable (1:8; 2:3).


Como prueba, se presentó la doctrina de su propia experiencia, y atacó a Job en una forma general (v. 8; Prov. 22:8; Ose. 10:13; Gál. 6:7). A pesar de la verdad del dicho, lo contrario, “los que sufren cosechan la iniquidad de lo que sembraron”, no siempre es cierto. La tribulación de Job no llegó por causa de la iniquidad que había sembrado. Elifaz aplicó mal la ley de la causa y el efecto: el sufrir y la muerte que parecía tan cerca para Job no eran “el soplo” de la ira y el juicio de Dios.


En el Nuevo Testamento, más en concreto en el Evangelio de Lucas, está la parábola central del “hijo pródigo”. El padre reparte la herencia a sus dos hijos, pese a que no era lo acostumbrado; el menor se la gasta y decide regresar a casa de su padre, y este sintió compasión por él, y corrió, se echó sobre su cuello y lo besó. Y más aún, pidió a sus siervos que le pusieran un anillo, el mejor vestido e hizo fiesta porque regresó el hijo que estaba perdido; pero el hermano mayor que regresó a casa se da cuenta de lo que ha pasado, se enojó y no quiso entrar.


Esta enseñanzas de nuestro Maestro y Salvador Jesucristo, mu estratotalmente lo contrario, ya que al hijo pródigo se le pagó contrario a lo que merecía y es lo mismo que pasa con nosotros - Pero Dios demuestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. Romanos 5:8 LBLA


En el libro de Apocalipsis a la Iglesia de Éfeso se le dice:

y has sufrido, y has tenido paciencia, y has trabajado arduamente por amor de mi nombre, y no has desmayado. Apocalipsis 2:3 RV60. Él proporciona esperanza. Dios promete un fin a todo dolor y sufrimiento para aquellos que reciben la oferta de salvación en Su Hijo, Jesucristo (Apocalipsis 21: 4).


Hoy en día se cree que si estás enfermo, tienes deudas, si la Iglesia no está creciendo, si el ministerio no está floreciendo, en fin si las cosas no están bien es porque Dios te ha dejado, sin embargo no es lo que la Biblia muestra.


Debemos de confiar en las promesas de Dios en cualquier temporada y circunstancia y entender que no es por nuestros méritos sino por el sacrificio de Cristo en la Cruz.


Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados. Romanos 8:28 RV60.


Su hermano y amigo Pastor Rafael N Vargas

Ministerio Poder y Sabiduría de Dios